Es
mas sencillo de lo que parece, como casi en
todo la distancia entre el perro y nosotros
es lo que lo complica. Colocamos al perro al
otro lado de una puerta, la de los armarios
de cocina es perfecta, puesto que él
nos ve por arriba. Pitamos un juguete al otro
lado de la puerta o le ofrecemos olorosas salchichas
o queso manchego (¡que rico¡ ).
No vale pasar por debajo, darse la vuelta, debemos
conseguir que empuje la puerta con la mano.
Una vez realizado por primera vez, tras premiar
al perro lo repetimos de nuevo, pero esta vez
no le damos premio a la primera, esperaremos,
posiblemente empujará con mas fuerza
o varias veces, entonces es el momento de decir
la palabra que queremos usar (en mi caso "empuja")
y premiar. Nos alejamos poco a poco y queda
muy bien con la visita mandar al perro que cierre
la puerta del salón de un manotazo.