Fue
por casualidad como descubrí el truco.
Fue, como en muchas cosas, Ara quien me enseñó
ha hacerlo. En una ocasión que no paraba
de ladrar, cogí un coletero que estaba
en mi muñeca y se lo puse en el hocico.
Al ver que ella intentaba quitárselo
con su mano, pensé en decirla "límpiate
la cara" mientras lo hacia. Felicitando
cada vez que su mano tocaba el hocico, poco
a poco conseguí retirar por completo
el coletero. Es un gesto muy dulce y siempre
consigo una sonrisa cuando alguien lo ve.